El cuerpo nos avisa: estrés laboral, señales y prevención

Seguro que en algún momento has oído eso de que el cuerpo grita lo que la mente calla. Yo te diría que el cuerpo nos avisa cuando algo no está yendo bien.

En contextos laborales emocionalmente exigentes (dificultades en las relaciones con jefes y/o compañeros, carga de trabajo, presión temporal, atención a cliente, etc.), nuestro cuerpo puede llegar a avisarnos y muchas veces no le prestamos atención a tiempo de prevenir males mayores.

Empiezan a aparecer dolores de cabeza, contracturas, dificultades para conciliar el sueño o despertares frecuentes en la noche, problemas digestivos, alteraciones en la piel, tics en ojos, palpitaciones, sensación de ahogo, presión en el pecho y un sinfín de etcéteras.

Importante: Estas señales no son “debilidad” y no pasarán por arte de magia; conviene escucharlas y, si persisten, consultar con profesionales que puedan ayudarte. En primera instancia, mi consejo es que recurras a tu médico/a de primera línea (tu médico/a de cabecera) y si necesitas una ayuda extra, no dudes en recurrir a un/a profesional de la psicología. Si notas dolor torácico intenso, dificultad para respirar, mareo o palpitaciones mantenidas, acude a urgencias.

¿Qué está pasando por dentro?

El estrés sostenido en el tiempo activa el eje HHS (cortisol y catecolaminas), desregula el sistema nervioso autónomo y afecta a la inmunidad de tu organismo, el sistema cardiovascular y digestivo. No hablamos solo de “psicosomático”; hay cambios fisiológicos medibles cuando la presión laboral (y también la no laboral) se vuelve crónica. Cada persona es distinta y las causas suelen ser multicausales.

Y por fuera, ¿qué lo dispara?

Diseño del trabajo, estilos de dirección, rol poco claro, relaciones deterioradas o condiciones ambientales inadecuadas, entre otros, son factores organizacionales que elevan el riesgo de sufrir estrés. Detectarlos y gestionarlos es #PREVENCIÓN. Personas y organizaciones comparten la responsabilidad de actuar sobre las causas (carga, roles, liderazgo y clima), no solo sobre los síntomas.

4 pequeños hábitos para tu día a día

💠Pausas y respiración: haz pequeñas pausas de 60–90 seg. para hacer respiraciones (exhala más largo que la inhalación, por ejemplo 4 seg. inhalando y 6 seg. exhalando).

💠Antes de una situación difícil: antes de que algo pueda desestabilizarte (un correo difícil, una conversación incómoda…), escanea tu cuerpo, toma conciencia de lo que notas y respira. Esto ayuda a no dejarte arrastrar por la situación.

💠Micromovilidad: haz pequeños movimientos para masajear hombros, mandíbula, manos, etc. regularmente, que te permitan liberar tensión y volver al momento presente.

💠Límites y desconexión: haz un pacto contigo mismo/a sobre tus límites: horarios realistas y respeta tu desconexión digital.

‼️Estas prácticas no sustituyen una evaluación sanitaria cuando sea necesaria.

Acompañamiento

Desde la psicología puedes aprender a gestionar tus emociones, tomar conciencia de tus necesidades y cuidar de ti; y desde el coaching, transformar esa claridad en acciones: fijar objetivos realistas, entrenar habilidades, poner límites y sostener el cambio con seguimiento.

Si necesitas un espacio seguro para dar claridad a lo que estás viviendo, en Palenzuela Psicología y Coaching te acompañamos para que tu proceso sea como tú necesitas.

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Referencias

  1. INSST – NTP 744 (coaching y prevención del estrés).

  2. LPRL 31/1995, art. 4.1 (deber preventivo).

  3. McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904.

  4. Gyllensten, K., & Palmer, S. (2005). Can coaching reduce workplace stress? A quasi-experimental study. International Journal of Evidence Based Coaching and Mentoring, 3(2), 75–85.

Eva H. Palenzuela

Psicóloga y Coach

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